Almería, sede olímpica de 1569. ¡A tope los almerienses!

En el siglo XVI, Almería se convirtió en una inesperada y medio improvisada sede olímpica en mitad de una guerra

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Tipo de vestimentas prohibidas de las mujeres moriscas

Veamos cómo se llegó a esa situación. Corría el año 1567, Felipe II decidió que se había acabado el cachondeo para los moriscos que quedaban en sus reinos. Eliminó las disposiciones que habían realizado sus antecesores, Carlos I y los Reyes Católicos, y promulgó una pragmática sanción con una serie de prohibiciones contra los moriscos: se prohibió que las mujeres musulmanas se cubriesen la cara, que se usasen nombres y sobrenombres árabes, la escritura en esta lengua temporalmente, los cánticos moriscos…

Incluso se les prohibió el baño árabe, ordenando la destrucción de todos los baños públicos que hubiera en activo. Eso de bañarse era algo asqueroso, y los buenos cristianos se abrazaban a la mierda.

A la población morisca todo esto no le hizo mucha gracia, así que se negaron a cumplirlo, y durante un año prepararon una revuelta de magnitudes épicas.

El rey, pensando que sería poca cosa, encargó a los marqueses de Mondéjar y de los Vélez un buen 155 en la zona de La Alpujarra, donde eran fuertes los moriscos. Pero esos dos nobles se llevaban mal, y los rebeldes tuvieron ayuda desde el Norte de África, así que se les fue de las manos. Comenzó la Rebelión de las Alpujarras.

Pero ¿quién lideraba a los moriscos? Fernando de Válor y Córdoba, o lo que es lo mismo, Muhammad ibn Umayya o Abén Humeya, como fue rebautizado tras ser proclamado rey.

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Fernando de Válor y Córdoba

El tipo lideró exitosamente la revuelta, pero también era un excéntrico de narices. Entre sus caprichitos, le dio por rescatar los antiguos Juegos Olímpicos. El cronista Ginés Pérez de Hita (murciano nacido en Mula, para más señas) recogió estos juegos en su escrito conocido como Segunda Parte de las Guerras Civiles de Granada.

Rememorando los juegos griegos, se compitió en pruebas como lanzamiento con honda, lucha, tiro con arco, atletismo, etc. Además, emulando a los vascos, se levantaron piedras gordas. Y también tuvieron margen para la creatividad, ya que añadieron sus propias competiciones, como danza o canto.

Todo eso mientras se pegaban palos de los gordos con las tropas de Felipe II. Y mientras los sublevados también hacían de las suyas matando religioso, torturando, mutilando…

Por el otro lado, Felipe II decidió enviar a su hermanastro, Juan de Austria. Este entró como Rajoy en el logopeda: no dejó piedra sobre piedra. Arrasó poblaciones enteras, ejecutó al que se le puso por delante…

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Juan de Austria

Entre unos y otros dieron lugar a la que algunos historiadores han definido como la guerra más salvaje librada en el siglo XVI en Europa.

A Abén Humeya se le fue el asunto de las manos y terminó mal: fue asesinado. Su cuñado le asesinó por tirano y por acostarse con su señora.

Juan de Austria consiguió sofocar la rebelión y la aventura alpujarresca terminó con una dispersión de los moriscos por toda Castilla.

¿Y los juegos moriscos? Pues a la porra.

Con el asesinato de Abén Humeya los moriscos se dejaron de excentricidades, que no estaban para hostias, teniendo el enemigo a las puertas.

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Juegos Moriscos de Purchena

Sin embargo, más de 400 años después, en 1993, los juegos fueron rescatados en la misma localidad en la que se habían jugado en el siglo XVI, Purchena.

BIBLIOGRAFÍA:

AD ABSURDUM (2017): Historia absurda de España, ed. La Esfera de los Libros.

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