El día del fin del mundo en Partaloa

Los temblores duraron toda la madrugada y ninguna familia, del centenar que habitaba el pueblo, quiso regresar a sus hogares viendo como se resquebraja la cal de las paredes y techos
Hombres y mujeres de Partaloa rescatando muebles y enseres de sus casas tras el terremoto del 16 de marzo de 1972./ Fuente: Crónicas de bolsillo (Manuel León)

Hombres y mujeres de Partaloa rescatando muebles y enseres de sus casas tras el terremoto del 16 de marzo de 1972./ Fuente: Crónicas de bolsillo (Manuel León)

El párroco don Francisco Serrano oficiaba unos ejercicios espirituales, cuando tembló la tierra en Partaloa. Fue  el último terremoto de enjundia que se recuerda en la provincia: eran las 9,30 de la noche de un jueves 16 de marzo y casi todo el pueblo se encontraba en el templo de San Antonio. Se rajaron las cristaleras y la torre, las losas se movieron como flanes y los partaloberos salieron corriendo a sus casas. Una hora más tarde se repitió la sacudida con una magnitud 5: se apagó la luz, se cortó el agua y, en medio de un griterío enorme, como si se tratase de la cubierta del Titanic, los vecinos se apiñaron con caras de pavor en la plaza, como hacían los pasajeros en la popa del célebre transatlántico 60 años antes.

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