La diligencia que hacía la ruta con Vera

El correo de Pepe el bizco era uno de los que cubrían la línea a diario a comienzos del siglo XX

A comienzos del siglo pasado  hacer el viaje entre Vera y Almería en una de las diligencias que cubrían el servicio a diario tenía carácter de gran aventura. Se sabía a qué hora se partía pero nunca el momento exacto de la llegada. Las carreteras eran todavía caminos infames, expuestas a los baches, a las piedras y a las avenidas de las ramblas que con frecuencia dejaban aislado el trayecto. El coche correo  salía de Vera a primera hora de la madrugada para que pudiera llegar a la capital sobre las ocho de la mañana. De esta forma los viajeros podían disponer de todo un día por delante para ocuparse de sus asuntos.

Uno de estos carruajes que cubría el servicio tenía como mayoral a José García, conocido popularmente con el apodo de Pepe el bizco. Era uno de los conductores más reputados del que se decía que podía atravesar las curvas del camino en las noches más oscuras sin luna y sin la luz del farol. Con la noche todavía cerrada, la diligencia de Pepe el bizco partía de la parada que existía en la posada de la Garrapiña, de Vera con tres bestias que se encargaban de arrastrar el coche hasta la venta del Chocolate, en el término de los Gallardos, donde esperaban otras dos bestias más que completaban el tiro.

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